Tendida en mi cama
escucho a Chopin,
ese Nocturno precioso
que me llena la vida
aunque es de mañana.
Te imagino conmigo
abrazado a mi espalda,
sin voz, sin palabras,
sin esperar más nada
que tus tibios suspiros.
Los acordes se repiten
uno a uno mil veces
como alguna vez en mi boca
hicieron esos besos tuyos,
acariciando mis oídos ahora
en tan dulces gemidos.
Mis lágrimas ruedan
por mi rostro escondido
y es que yo no estoy sola,
es que lo escucho contigo
sin que importen las horas
y me quedo en silencio
hasta escuchar mis latidos,
musitando un te quiero
tan real, tan sincero y tan mío
que humedece tu cuello
entre mis brazos vacíos.

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