sábado, 9 de diciembre de 2017

Entre mis dos trenzas negras


Entre mis dos trenzas negras
y mis ojos de uvas blancas,
mi cara bordada de pecas,
mis delantales con vuelos,
mis zapatos de charol
y mis soquetes de encaje
se quedó para siempre
encajonada mi infancia
plegada de cantos y rondas,
de saltos con una cuerda,
también volantines y hondas
y docena y media de muñecas
que completaban mi equipaje.
Y cada vez que yo recuerdo
esos mis años de inocencia
en mi casa de rojas tejas
con un jardín de clarines,
jazmines, malvas, hortensias
y un verde huerto tras una reja,
se me llena de amor el alma
porque sé que fue entonces
que comencé a soñar contigo,
a esperar por tu presencia
y fui allí la reina de tu castillo
construido de arena y viento,
tan frágil como mis sueños
pero fuerte como las piedras.



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