Tesoro, tesoro
de mi alma
vayámonos juntos
hacia esa tierra nuestra
tan fría y tan calma,
tan llena de vida
y sin embargo tan sola,
tan lejos de todo
y casi escondida.
Hagamos de esa estepa
de gaviotas y ovejastan inhóspita y seca,
un campo florido
con los besos tuyos,
con los besos míos,
con el canto herido
de mis hondos suspiros.
Armemos un lecho
de coirón trenzado,
ni ancho ni estrecho,
un cálido nido
con el cielo por techo,
que detenga el viento,
que nos quite el frío
y que nunca separe
a tu pecho del mío.

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