Pon tu mano en mi mano
y síguela por los senderos
que te llevan sin prisa
hacia dónde ella quiera,
mis montes, mis valles,
mi sonrisa eterna
de azahares y espumas,
mi espalda, mi talle,
las sinuosas laderas
de mis brazos y piernas
y ese cielo tuyo de estrellas
que brilla aún sin luna
entre mis anchas caderas.

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