Quizás yo no brille
intensa como la luna
ni ilumine la noche
suave como las estrellas
pero entre tus brazos
me siento feliz y plena
y de todas las mujeres,
la más bella
porque has sido tú
el alfarero paciente
que ha moldeado
desde siempre y día a día,
en sus manos paso a paso
mi arcilla tibia y morena,
redondeando mis pechos,
mis piernas, mis caderas,
mi cintura y mis mejillas.
Tú me alegras la vida.

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