Tendida contigo en el lecho
con tus manos en mi cintura
y con mi espalda en tu pecho,
me pareció anoche que la luna
aunque nueva, brillaba llena
y que la noche no era oscura.
Tu aliento entibiaba mi cuello
y sin embargo me estremecía
como si el frío me envolviera
y es que pensaba en tus besos
que en un momento vendrían
a pintar mi boca de primavera.

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