Rendida me dormí
con las ventanas abiertas
tendida sobre la cama
y mientras dormía,
y mientras dormía,
el viento agitaba
los velos de seda blanca
y cual amante furtivo
envolvía mi piel morena
con mil frescos suspiros
que olían a hierba buena.
El viento soplaba
y yo dormida lo sentía
sobre mis piernas
desnudas y sin abrigo
y entre sus brazos
que me ceñían,
yo soñaba contigo.

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