te observo en silencio
siguiendo con la vista
la geografía de tu cuerpo,
mis labios la dibujan
con besos ardientes
lanzados al viento
que se pegan a tu piel
grabando a fuego lento
la esencia de tu ser y
tus relieves extensos,
mientras yo sigo mirando
cada uno de tus gestos,
almacenándolos en mi cofre
de recuerdos y momentos,
tus palabras tan ciertas,
tus palabras tan ciertas,
el brillo de tu mirada,
la calidez de tu sonrisa,
la expresión de tu cara,
tus manos siempre abiertas.
Todo en ti me cautiva,
todo en ti me llena,
todo en ti me agrada,
como la luna complaciente
que hace a la oscuridad clara
brindando un cielo refulgente
brindando un cielo refulgente
a nuestras noches enamoradas.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 28 de Diciembre del 2010

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