mis labios sellados,
sigue con tus yemas
las líneas de mi boca,
apréndelas a ojos cerrados
para esas noches en que
mis besos a solas evocas.
Desliza suavemente tus manos
por los contornos de mi cuerpo,
apréndete mis caminos
con todos sus recorridos,
detente donde tú más quieras
en ese tu lugar preferido
de colinas o de valles y laderas.
Abrázame toda entera,
que no separe ni el aire
a tu piel de mi piel morena,
quédate anclado en mis caderas
en una noche larga y eterna,
en una noche larga y eterna,
para sentir que eres tan mío
como de la orilla del mar la arena.
Maria Elena Astorquiza V.
Santiago, 27 de Diciembre del 2010
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