La tarde es mía y es nuestra,
podemos reír, podemos soñar,
encerrarnos en nuestro cuarto
cerrando al mundo la puerta
y unidos en un abrazo estrecho,
compartir nuestros latidos
y cubrirnos todos de besos.
El sol se ha dormido a lo lejos
y en la dulce quietud del ocaso
el cielo entero se ha enrojecido
corriendo detrás de sus pasos.
Ya es hora de llamar al sueño,
yo me aferraré a tu pecho,
te diré mil veces que te quiero
y luego te llevaré a nuestro lecho,
quiero dormirme en tus brazos
después de amarte en silencio
y hacerte una vez más mi dueño.
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