martes, 15 de agosto de 2017

Corderitos blancos



Prendidos a los corderitos
blancos de tu pecho
se quedaron mis ojos
esperando cerrarse
sobre sus tibios cuerpos
a medianoche en el lecho.

Y me envolví en el abrigo
de tus fuertes brazos
olvidando la lluvia,
el frío de invierno
y el viento que golpeaba
ventanas y techos.

Desperté antes del alba,
tú estabas dormido
y yo te besaba,
mientras en lo alto del cielo
sobre su manto antes negro,
mil estrellas brillaban.





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