Las caricias hechiceras
de tus manos peregrinas,
me calman, me enloquecen,
me adormecen, me fascinan,
porque sé que son ellas
las pregoneras de tus besos
tiernos, puros, inocentes,
apasionados o irreverentes
que al romperse en mil gotas
sobre mi piel o en mi boca,
desatan en mí un torrente
de sentimientos mudos,
reprimidos y silentes
que aún cuando esté asida
a tu pecho fuerte y desnudo,
hacen que me estremezca
como una espiga al viento.
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