Cuando creo tener
el cielo en mis manos,
que entre sus arreboles
escribe mi nombre
y a su pecho me llama,
sopla siempre el viento
y entre sus soplidos,
tristemente me lo arranca
y yo me lo quedo mirando
con los ojos empañados,
bañados de lágrimas
tratando de encontrar
en alguna orilla
de su inmenso manto,
aunque sea una letra
que me dé a entender
que me está llamando
pero nunca aparece
mi nombre,
nunca mis iniciales
y con la vista nublada
sigo tratando de hallarlas
y siempre lo encuentro
con sus brazos abiertos
entregando su amor a raudales
pero no es a mí a quien busca,
yo no tengo un lugar especial
en su alma, soy tan solo una más
y para vivir el amor,
sin nombre somos todas iguales.
María Elena Astorquiza V.
Santiago, 14 de Mayo del 2015

No he visto poeta alguna
ResponderEliminarque de tal forma expresara
las letras, una por una,
ya convertidas en magia...
Ay...! mi querida muchacha...!