Aunque casi amanece,
la noche no se acaba
cuando llega el alba,
suspiras su ausencia
y la melancolía crece,
nublando tus pupilas,
haciéndose eterna.
Y te preguntas a oscuras
por qué si tanto amabas
su amistosa compañía
él no quiso ser el dueño
de tu voz y tus palabras,
si las decías con dulzura,
si te nacían del alma.

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